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2013
 

María de Villota nació inmersa en el mundo del motor y en el de su padre Emilio de Villota, surgió su vocación.

María de Villota Comba(Madrid 1980)hija de Emilio de Villota, expiloto de Fórmula 1 y forjador de pilotos en su Escuela de Madrid. Emilio de Villota tenía, entre otros, un MG-TD-Mark II de 1954, de color rojo, con el que acudía a las concentraciones del Circuito del Jarama. María siempre vivió en el mundo del motor y desde su niñez acudía con su familia en las que participaba su padre y en las que se interesaba por aquellas joyas del automovilismo, que seleccionamos en este capítulo.

 

Con un año estuvo sentada en el cockpit de un “Fórmula 1” y en Reyes estrenó uno de plástico a pedales.

El pasillo de su casa y la calle de la urbanización, sus primeros “circuitos” y el garaje de “su Fórmula” un hueco del armario, donde todas las noches “aparcaba” su coche de carreras. Luego llegarían los “Karts” para carreras. Había nacido “oliendo a gasolina” y tenía que sentir la emoción del “burruuum” de los coches clásicos deportivos, los hitos de su afición. Era muy niña, pero la conocí en el Jarama en una concentración de la ACDE y al ver mi MGA de color “Green British Racer” rodeado de Triumphs, Alfas, Porches y Ferraris rojos me preguntó, ¿Por qué el tuyo es verde?.

 

El accidente en el circuito de Duxford (Inglaterra) truncó una carrera de piloto de F1, que era todo su futuro.

Tenía que ser piloto de carreras y lo consiguió con una tenacidad obsesiva, ganando carreras ante curtidos pilotos y conseguir el merecido reconocimiento de la FIA, con la licencia de piloto de Fórmula 1, en el acto mas corto y emotivo de su vida deportiva. El 3/7/2012 María de Villota fue elegida para realizar las pruebas de aerodinámica, que el equipo Marussia usaría en el Gran Premio de Silverstone y al llegar al “padock” y al frenar el coche, este aceleró, empotrándose contra la plataforma elevadora de un camión con innumerables fracturas en el cráneo y la pérdida del ojo derecho. Su estado fue calificado de extrema gravedad.

 

La vida de María de Villota tenía un rasgo singular, todo estaba controlado bajo su tenacidad y su profesionalidad.

La lucha por su vida con una larga y tediosa recuperación que la hizo renacer con una nueva vitalidad e imagen con su parche en el ojo La imagen de María con una azucena tapándole el ojo, es el principio del icono mítico de femineidad y felicidad que transmitía con esa sonrisa sincera, nada impostada, con una contagiosa, y cálida sensación de paz y serenidad. Disfrutaba con todo y con todos de su verdadera afición, que era la de “vivir” la historia del automóvil. Su boda con Rodrigo junto a toda su familia y la posterior de su hermano Emilio, fueron el culmen de su transformación. Una hermosa mujer, un nuevo canon de belleza hicieron de María el mito en el que se ha convertido. La fatalidad no pudo impedirla ser feliz.


 

El destino la reservaba la peor de las previsiones. Un fallo cerebral acabó con su vida mientras dormía.

Emociona ver como ha respondido el automovilismo al deceso de María. Su “instinto” la unió al automóvil, convertirlo en una afición, transformarlo en profesión y en el caso de María, en la mas exitosa personalidad, capaz de crear un “estilo” de esfuerzo y superación, que relata en su mas que emocionante y póstumo libro, “La vida es un regalo”, aunque sea así de injusta. Escrito con un entrañable estilo de contar su vida, como un monólogo a tu lado, que podrías interrumpir con preguntas, a las que con sorpresa responde en las siguientes líneas. Todos mantendremos vivo su recuerdo. Ojala el nuevo circuito del RACE, se llame “Circuito María de Villota” en su honor.

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